Nuestra historia surge después de haber conquistado la geografía europea y española hasta llegar a la tierra donde se navega por el Guadalquivir, Sevilla.
Habiendo Miguel, conquistado Inglaterra en bicicleta y habitado tierras nórdicas en Suecia, y Rafaela haber desayunado en el café Novelty en tierras salmantinas junto a sus paseos por el barrio de Gracia de Barcelona, llegamos a encontrarnos en nuestra tierra, Andalucía.
Aunque llevamos dentro un espíritu inquieto y viajero, nuestro amor emerge de lo cotidiano, del vernos reflejados en los ojos del otro bajo el sol de Sevilla y Córdoba, del compartir risas al escuchar nuestras chirigotas preferidas en carnaval, del buscar nuestra complicidad en la semana santa, de nuestros bailes por sevillanas en la feria, de perdernos entre flores y patios en las cruces...
Reconocemos que también en ese vaivén del trabajo, que a veces nos apasiona y otras nos desborda a partes desiguales.
Dicen que sevillanos y cordobeses no siempre se entienden, pero nosotros hemos venido a desmontar ese tópico. Desde que empezamos nuestro noviazgo, os hemos hecho partícipes a familias y amigos, sobre todo porque no sabemos estarnos quietos: esquiar, bailar swing, escaparnos a Málaga, perdernos por las playas de Huelva y Cádiz, tomar cervezcitas en Triana, hacer cerámica, vivir la Madrugá, pasear por los patios, desayunar en El Chimeneón… Y así queremos seguir durante muchos años, con la misma felicidad, ilusión, salud y energía para poder continuar con nuestra dinámica al menos hasta las bodas de oro.
Este es nuestra relato, que parte de lo minúsculo pero va creciendo hasta la infinitud.
Amor constante, más allá de la muerte
Francisco de Quevedo
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.